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Ciudad de Murcia

Ciudad de Murcia

Después de ver La Condomina encarnizada contra el Real Murcia, en nuestro estadio, aunque jugáramos fuera de casa... he pensado mucho en la situación futbolística de Murcia. He repensado qué pasa en esta ciudad y qué pasa con el murcianismo de antaño. Muchas veces hemos oído los murcianistas eso de que cuando Garrido dejó de ser murcianista el 75% de la masa social y que desde entonces el Murcia ya no se ha recuperado. Lo cierto es que no se recuerdan, ni en la reciente estancia en Primera, tiempos como aquellos, con 15.000 espectadores en Segunda División, bares con el escudo, niños con camisetas en el patio de los colegios, taxistas hablando de Figueroa y el Murcia como el equipo de toda la Región y parte de las provincias limítrofes. Eso parece que será ya imposible. Me contaba mi admirado José Rico que él no recordaba de chico que se cantara un gol del Madrid en La Puerta de Orihuela, y que él mismo había silbado a las grandes estrellas de la selección cuando venían a jugar contra su Real Murcia... Supongo que los tiempos cambian y que el trasiego por la B y la Tercera hizo daño al sentimiento por un club centenario y su ciudad, donde nació y donde ha sido un referente social, económico y de imagen tantos años. Dicen algunos que sólo nos queda la Historia, pero eso se me antoja muy pequeño para lo que el Real Murcia representa para los murcianistas. Nos queda mucho más... y entre otras cosas, un futuro abierto a todos los éxitos que queramos soñar, porque la historia siempre estará ahí, pero lo más importante es que el Real Murcia sigue estando ahí, y parece que seguirá estando mucho tiempo, jugando todos los domingos, y que tendrá siempre a unos enamorados de su escudo defendiendo esa idea de club unido a un sentimiento y a una ciudad.  

Pensando en cómo ha surgido el Ciudad y su afición, y en cómo ha afectado al Murcia siempre he defendido que Pina más que crear un nuevo sentimiento, un equipo diferente, ha querido hacer una burda copia usurpadora del Real Murcia. Un intento paleto de hacerse con la afición ‘turista’ como la ha denominado bien nuestro presidente, que ha surtido efecto, creo, basándose en el importante y pesado complejo de inferioridad de los murcianos, o de muchos de los murcianos que hoy habitan esta ciudad, y esta Región. Es una crítica que espero sea constructiva, porque es un peso que llevamos y que nos frena irremediablemente al progreso social en miles de cosas en esta Región. Pina, sin quererlo, está aprovechando ese ‘somos el culo del mundo’ que tenemos los murcianos inserto en el sentir. Todos priman que “un equipo murciano subirá a Primera, hay que estar con él”, priman el éxito de un club a un sentimiento, a una decisión de amor a una ciudad y a unos colores. No critico al que sea del Ciudad porque así le ha salido del alma, que los habrá, y cada año más... pero no podemos estar al amparo de dos madres, de dos amores, de dos almas... no podemos pregonar que “Hoy prefiero que pierda mi equipo de toda la vida para que el otro obtenga un éxito que será bueno para la ciudad”. Esa no es la fórmula señores, estoy convencido de lo que les digo... Hay que ser coherente.

 

El Ciudad de Murcia nunca debió de vestir de rojo. Nunca debió vestirse de semi filial en sus comienzos, y nunca debió regalar abonos y entradas por doquier, creando una afición fantasmoide, que defiende a un equipo Real Murcia primo, de sentimiento únicamente guiado por la facilidad de apuntarse a un caballo con opciones, enganchando a la muchedumbre harta de un murcianismo mediocre y un madridismo o barcelonismo rutilante. Habrá verdaderos seguidores del Ciudad, no me malinterpreten, de los buenos. De los que estarán cuando el equipo baje a Tercera. Con el tiempo los habrá... pero se hubiera hecho más si el equipo vistiera un verde huerta, o hubiera hecho del Barrio del Carmen su ubicación, o hubiera cogido el Ranero como base... o algo diferenciador. Ahí ha estado el error... un error que debemos sufrir los que estamos boquiabiertos de ver algo que en el fondo comprendemos y esperábamos, una afición que abandona un sentimiento centenario y se resguarda en el escondite perfecto, un equipo ‘rojillo’ que puede subir a Primera.

 

Complejo de inferioridad. Complejo de no tener agallas para defender al equipo que te ha hecho llorar. Murcia es una tierra compleja, en la que el sentimiento es grande y fuerte, pero cambiante y vago. Creemos que no somos nada, sólo porque no lo creemos y por eso nos pasa lo que nos pasa. No defendemos lo nuestro porque lo creemos inferior. Nos da vergüenza nuestro acento, creemos que Murcia es pequeña, no queremos poner un metro, nos reímos de nuestra ínfima influencia en Madrid, creemos que no es necesario un aeropuerto teniendo el de Alicante, y si un equipo nuestro puede estar en Primera, creemos que debemos estar con él, independientemente del equipo que sea. Así somos, así estamos y así estaremos. Hasta que alguien de un golpe sobre la mesa y descubra nuestra fuerza común y la enseñe al mundo. Murcia es generosa, es trabajadora, es una tierra de oportunidades y debemos forjar un sentimiento que nos de la posibilidad de creer en nosotros mismos. Milagros como el de Villarrreal son muy complicados, pero hay ciudades más pequeñas y con menos de todo que son de Primera sin inmutarse... No sólo es el dinero y los buenos profesionales. Hay mucho más en juego, y parte de ese juego lo jugamos nosotros. Los aficionados, cuyo único papel es estar con su equipo, en los momentos malos y en los buenos, algo, que cuando el sentimiento es verdadero resulta tan sencillo como que es lo que uno más desea en el mundo. Una herida en el complejo de inferioridad. Eso es el Ciudad de Murcia. Una herida muy fea y difícil de curar, porque ha ido a parar al centro del problema, y lo está haciendo más grande. Una herida que ha puesto nombre y apellidos a los miles de aficionados acomplejados que tenía el Real Murcia.Vale.

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